FALSAFATON

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viernes, noviembre 25, 2005

¿LA FILOSOFIA TIENE SALIDA?1

Tengo una advertencia que hacer. Esta no es para nada una disquisición erudita sobre la filosofía. Nuestras exposiciones son sobre todo didácticas, y abren un panorama general, para que las personas que tienen un nivel mínimo de conocimientos sobre el tema tengan algunos puntos de partida para continuar adelante. En fin, la conferencia de hoy está dirigida a la mayoría que, sin desmerecer a nadie, no conoce a fondo el asunto que vamos a tratar.
Quizás acá haya especialistas, o haya gente que ha estudiado la materia de la filosofía, pero vamos a dejar para el final cualquier tipo de inquietud de esas personas, a fin de no interrumpir el desarrollo de esta plática con ninguna pregunta de tipo técnico, que quizás la mayoría de ustedes no conoce. A su vez, reduciremos nuestros análisis al mínimo, para que sólo lo más elemental quede expuesto.
Como comienzo de nuestra charla nos vamos a plantear tres preguntas iniciales, para ubicarnos en el tema, de modo que resulte fácil y rápido captar lo que queremos decir. Nos preguntaremos: ¿Qué significa filosofía?; y en segundo término, ¿qué tipos de filosofía hubo en la historia?; tercero, ¿qué problemas nos interesa tratar en este momento al respecto?
Como se sabrá “filosofía” significa “amor a la sabiduría o al conocimiento”. En este sentido cualquier actividad intelectual debe ser considerada filosofía, pues no existe ninguna inquietud intelectual por conseguir conocimiento cierto que no esté precedida por el amor a la verdad, el deseo de ella, pues de lo contrario la persona no se moviliza para nada. ¿Queremos significar esto cuando decimos, hoy en día, “filosofía”? es decir, ¿todavía se mantiene el sentido de dicha palabra como “amor a la Sabiduría”, deseo de verdad y de conocimiento? No.
En la actualidad no es ese el sentido tradicional o clásico, podríamos decir, de la palabra “filosofía”. Hoy por hoy, tal palabra se entiende de muchas maneras diferentes. Por ejemplo, no sólo como “amor al conocimiento o a la sabiduría”, sino como “manera de pensar”. También se utiliza en el lenguaje diario, con el significado de “teoría personal sobre un tema o una cosa”, y hasta como “opinión” (la opinión de una persona a veces es calificada como “su filosofía”). Es decir, la comprensión del término se ha reducido de ser una inquietud general de todos los hombres por alcanzar la verdad, a ser una inquietud personal de algunos hombres sobre sus puntos de vista personales.
Según es conocido, la palabra “filosofía” fue empleada primero por Heráclito, un pensador de la época presocrática, del cual se guardan algunos fragmentos, pero que no un escrito por entero. Quizás él fue el primero que usó la palabra “filosofía” en el sentido propio de ese término. A Pitágoras también se le atribuye haber dicho que él era un “filósofo”. El tenía una concepción muy particular de lo que significa “filosofía”, era para él tanto un conocimiento teórico como práctico, de cierta práctica de vida de los seres humanos. Heráclito, por su parte, decía que la filosofía era “el conocimiento de muchas cosas”.
Otra cuestión es ¿qué intentaba conseguir el hombre antiguo a través de la filosofía, y qué intenta el hombre actual al plantearse una filosofía “propia”? Hemos dicho que el hombre antiguo concebía la filosofía como un conocimiento de la verdad o de la realidad, y el hombre actual la concibe más bien como un pensamiento personal, individual. Entonces, ambos tipos de seres deberían necesariamente buscar cosas muy disímiles y hasta contradictorias entre sí. Veamos qué es lo que busca cada uno.
El hombre antiguo intentaba conseguir la sabiduría; los griegos distinguían, como en todas las lenguas avanzadas se distingue, entre conocimiento teórico, al que llamaban episteme, nuestro actual “conocimiento científico”, y sabiduría a la que llamaban sofía. Para el hombre actual la sabiduría no es tan importante, o mejor dicho, ha desaparecido de su horizonte intelectual, y lo que importa es sólo el conocimiento, y cuanto más efectivo, más resultados se puedan conseguir con ese conocimiento, mejor aún.
¿Qué consideraba el hombre antiguo como Sabiduría?, ¿cómo la concebía? La Sabiduría no era un saber erudito, un saber abstracto o puramente teórico, como podríamos imaginar ahora el conocimiento que tiene un científico, sino que era un saber a la vez teórico y práctico. Como ustedes sabrán, la palabra sabiduría indica una experiencia.
El hombre antiguo reconocía, además, una diferencia entre la realidad y la apariencia, lo cual es algo fundamental para saber cómo pensaba. Lo real y lo ilusorio eran dos cosas muy diferentes para él, pero como cosas constitutivas del ser, de lo que existe. El hombre actual, por el contrario, considera que la ilusión, o lo aparente, es solamente un error de su conocimiento, que él simplemente pensando tendría acceso directo y sin problemas a la verdad, a la realidad, y que eso que él piensa es sin duda real. El hombre antiguo decía que aún pensando era muy difícil llegar a la realidad y a la verdad.
Para el hombre antiguo había un sentido racional en todo lo que existe, en todas las cosas, sentido que la razón o intelecto humano podría descubrir, y a lo que se llamó realidad o verdad. A ese sentido racional, contenido en cada cosa, el hombre podía captarlo a través de su intelecto, y tal era la realidad de la cosa y su verdad.
Había, además, un principio de todas las cosas del cual todas ellas dependían, y conocer ese Principio significaba conocer la Verdad o la Realidad máxima. Para el hombre actual, en cambio, existen muchos principios, y en cada cosa, o en cada orden de cosas, se manifiestan principios diferentes. Ya no se concibe muy fácilmente, como la hacía el hombre antiguo, un Principio universal, de todas las cosas.
Para el hombre antiguo había, por otra parte, una manera de ver las cosas que no era verdadera y real, y de allí surgía lo aparente o ilusorio del mundo. Pero no se trataba de un asunto de error de conocimiento, simplemente, sino de algo que había en el ser del hombre; lo que el hombre era le impedía ver la realidad. Entonces, el hombre mismo debía modificarse, transformarse a través del conocimiento, o de la sabiduría, o de la filosofía, todo lo cual es lo mismo, y recién entonces tenía la posibilidad de entrar en contacto con la realidad. Esto es lo que propone Platón, por ejemplo.
La verdadera filosofía, como otra de sus características, desde el inicio fue contraria a la mitología y a la idolatría, a las fantasías que se difundían entre la mayoría de la población, y que inclusive formaban parte del sistema ideológico de la sociedad griega y que la sustentaban. Sabrán que Platón se opuso a todo ese tipo de mitología, y Sócrates fue muerto por oponerse a ella. Los filósofos antiguos querían conocer la razón o fundamento de todas las cosas, no el mito con que se encubría la realidad o la verdad bajo una explicación incoherente, como que numerosos dioses imponían un determinado orden en el cosmos, dioses que ellos mismos estaban sometidos a ese orden, y que más o menos vivían como los hombres, se peleaban como los hombres, se celaban como los hombres, y opinaban como los hombres. Es decir, los dioses del paganismo eran parte de la naturaleza...
Aunando todas estas características que hemos estado comentando, ¿qué tipos de filosofía hubo en la historia? Esta es nuestra segunda pregunta. Según nuestro criterio, de lo que hemos dicho, que es muy elemental desde un punto de vista erudito (aunque no es nuestra intención transitar por el camino de la erudición, sino del comentario provechoso) queda dicho, pues, que podríamos dividir en dos la historia de las filosofías. Unas filosofías intentaban adquirir la sabiduría, y otras, que surgieron con posteridad a la filosofía clásica, sobre todo a partir del Renacimiento occidental y de su modernidad, intentaron adquirir un conocimiento puramente teórico, si se quiere erudito, como ha llegado a ser la filosofía actual, conocimiento que no lleva a ningún lado. El primer tipo de los dos nombrados, el que busca la sabiduría y un tipo de vida o de experiencia que cambia el ser del hombre, es más propio de la filosofía antigua, la filosofía de la sabiduría; el segundo es más propio del hombre actual, del saber abstracto y erudito sobre la filosofía.
En conclusión, tradicionalmente “filosofía” es amor a la sabiduría, lo cual implica un tipo de filosofía especial, y lo contrario a ella parece “filosofía”, pero no lo es, pues no tiene por meta la sabiduría.
¿Qué significa sabiduría? Es conocimiento y práctica, o experiencia, de lo que se conoce, no es solamente conocimiento teórico, erudito, sino conducta, actuación de acuerdo al conocimiento. La palabra “saber” tiene que ver con “sabor”, es decir con la experiencia y la experimentación de algo. Así es como el hombre antiguo se planteaba la sabiduría. La experiencia que implica la verdadera filosofía consiste, entonces, en un modo de vida. El verdadero filósofo antiguamente tenía un modo de vida. En la actualidad ese hombre puede practicar lo que se le antoje. No faltaron las críticas a los filósofos más famosos de occidente sobre la base del modo de vida que ostentaban, en contradicción con su propio pensamiento.2
La filosofía en su sentido tradicional, clásico, verdadero, como amor a la sabiduría, consiste también, aparte del saber teórico y del modo de vida, en una ética o conducta moral; en un determinado conocimiento del cosmos, que no es el conocimiento que nos da la ciencia física, la química y demás ciencias actuales, sino que es un conocimiento de otro orden, porque no busca la estructura material de las cosas, sino que busca la esencia, el sentido de todo lo que existe. Además, pretende un determinado conocimiento de Dios y el concepto de lo que significa verdadero vivir en comunidad, es decir un pensamiento político. Todo esto estaba contenido en lo que se llamaba “filosofía” antiguamente, pero hoy ha desaparecido y se ha atomizado, como veremos más adelante.
Ante este panorama, nuestra tercera pregunta es, ¿qué problema nos interesa plantear a nosotros al respecto? Primero, no nos interesa una investigación de la historia de la filosofía, para conocer todos los pensamientos filosóficos, o los sistemas de pensamiento que hubo hasta el presente. Segundo, no nos interesa tampoco conocer una filosofía en particular, que nos enseñe cuál es la verdad o la realidad, para que nosotros la sigamos. Tercero, no nos interesa criticar a ninguna filosofía en particular, presente o pasada. Lo que nos interesa, realmente, en esta charla, es conocer la crisis, como la hemos llamado en una conferencia pasada, o usando otros términos, la desorientación y la confusión en que se encuentra el hombre actual, conocer al menos esto para utilidad y beneficio personal. Nos interesa estar en claro sobre en qué consiste esa crisis del pensamiento, y tratar de preservarnos a nosotros mismos de ella, si es que podemos hacerlo. Porque la desorientación y la confusión en que vive el hombre actual es destructiva para cualquiera de nosotros. Como en la Babel de las muchas lenguas, hoy no se reconoce la verdad ni la realidad, y predomina la confusión y la apariencia.
¿Existe hoy la filosofía?
Vamos a hacernos otras dos preguntas: ¿Existe actualmente la filosofía, de la cual estamos hablando en esta charla, o estamos hablando de algo fantasmagórico? Como ustedes saben, en la facultad de filosofía se intenta hacernos creer que la filosofía todavía existe. Ese es un lugar donde mucha gente trabaja, y tienen el derecho gremial a defender la existencia de su fuente de trabajo. La otra pregunta que queremos hacer es: ¿Qué importancia puede tener actualmente el pensamiento filosófico?
Contestando primero a si existe actualmente la filosofía, podríamos decir que no, por varias causas. La mayoría de las ciencias actuales se han independizado de la filosofía, como la física, la astronomía, la psicología, la teología racional occidental, la lógica, etc. Al independizarse han dejado un gran vacío en lo que antiguamente se llamaba “filosofía”.
Antiguamente esta ciencia, la filosofía, investigaba globalmente tres cosas que conforman toda la realidad: el hombre, el mundo y Dios. Eran como tres sectores de la filosofía. Con el paso del tiempo, en occidente, uno de ellos, Dios, se convirtió en el tema de la religión cristiana, con bases algo distintas a la filosofía, aunque coincida con ella en la teología racional. Como todos ustedes sabrán, la teología cristiana se formó sobre la base de la filosofía griega.
En cuanto al segundo tema, el mundo, o la cosmogonía y la cosmología (cosmogonía significa “origen del mundo” o de la realidad, y cosmología el estudio de la estructura de la realidad), los dos temas se convirtieron en el objeto de estudio de varias otras ciencias, y salieron de la filosofía. Aparecieron la física, la química, las matemáticas, la astronomía, etc.
Por último, el sector que se conservó bastante tiempo dentro de la filosofía fue el estudio del hombre. Pero en los tiempos actuales se convirtió en objeto de estudio de muchas ciencias, fuera de la filosofía, por ejemplo de la psicología, la antropología, la sociología, la historia, la antropología, la política, etc., estudios todos independientes de lo que se llama “filosofía”. En conclusión la filosofía se ha quedado sin objeto de estudio, es decir no tiene tema.
Por otra parte, desde otro punto de vista, podríamos responder a nuestra pregunta inicial sosteniendo que todavía existe la filosofía, si consideramos el modo que se la estudia hoy. Se la estudia como historia del pensamiento, o se investiga en ella las bases racionales que tiene el conocimiento humano, sus bases lógicas. La lógica todavía se sigue estudiando en parte dentro de la filosofía, y en parte fuera de la filosofía. O, inclusive, podríamos afirmar que existe la filosofía como estudio del pensamiento científico, respecto de las bases de las ciencias, o de la historia. Existen una filosofía de la historia, como la definió Voltaire, y una filosofía de la ciencia. En estos casos la filosofía siempre aparece como auxiliar de otras ciencias, como un conocimiento aleatorio que les sirve a ellas.
Una tercera respuesta sobre si existe la filosofía, o debiera existir, podría consistir en plantearse el retorno a los temas más propios de la filosofía, que son el hombre, el mundo y Dios, sin interesarnos si se desgajaron de ella y son objeto de otras ciencias, o dejaron de desgajarse, porque nuestro punto de vista en tal caso no sería el punto de vista de las ciencias. Nuestra meta no coincidiría con la de las ciencias, y nuestro punto de vista sería más elevado. No nos interesaría, pues, si esos temas que vamos a tratar, el hombre, el mundo y Dios son o no tratados de otro modo por otras ciencias.
Para ir terminando. La filosofía muestra un interés universal, no un interés meramente particular sobre un objeto; su punto de vista es global respecto de todas las cosas. En tal sentido, todavía hay una inquietud filosófica en todos los hombres. Desde ese punto de vista universal, todos los hombres tienen una pizca de filósofos. La filosofía desea conocer el camino hacia la felicidad del hombre, en qué consiste su mejor conducta.
Nuestro criterio es que no existe la filosofía en el sentido antiguo, como conocimiento y virtud (o modo de vida), y que ha sido suplantada en tal sentido por otros métodos más eficaces, si así se puede decir. Por un lado, la ciencia moderna la suplantó en el conocimiento del mundo material de un modo más eficaz. Por otro, las doctrinas metafísicas o espirituales, como las religiones orientales y otras, plantean un tipo de conocimiento y de vida espiritual que supera lo que planteaba la filosofía antigua griega, por ejemplo. Tal es nuestro punto de vista, finalmente.
Aunque sería posible que haya todavía un nivel de personas que, desinteresándose de las ciencias, puedan ejercer un tipo de conocimiento filosófico sobre el mundo, y se queden al margen tanto del estudio formal de las ciencias, como de la práctica de una vida espiritual y de un sistema de conocimiento como el que contienen las religiones orientales.
Otro nivel de personas, por el contrario, observan que la filosofía antigua, a la que apela occidente como el origen de su pensamiento racional, no es más que un estadio, una etapa en la aparición de lo que llamamos “tradición”, y que los filósofos antiguos como Platón y Pitágoras, no son más que grandes iniciados. Pero agregan que el lapso de “eficacia” de esas doctrinas ha pasado, y que actualmente debemos seguir a la tradición en su camino, pues ha avanzado mucho desde la aparición de la filosofía clásica. Por ello, sostienen que inclusive la filosofía clásica está superada.
La importancia actual de la filosofía.
¿Qué importancia puede tener, actualmente, el pensamiento filosófico? De lo dicho se desprende que la filosofía clásica occidental no tiene salida (el título de la conferencia de hoy consistía en esa pregunta): Ella es una etapa de la vida del pensamiento humano que ha sido superada. El ejemplo de las antiguas filosofías no se puede reproducir, su estilo de vida y de conocimiento no se pueden ya imitar. Por otra parte, cada época tiene su propio pensamiento más adecuado a ella.
En occidente, la filosofía ha terminado siendo un conocimiento sin rumbo que muestra un sin fin de contradicciones, y que no es necesario ya para la vida práctica de los seres humanos. La filosofía moderna y actual se ha transformado en un lenguaje exclusivo para eruditos, que nada pueden decirle al hombre común. Nadie se preocupa ya de ella.
Hay, sobre todo, una división o divorcio entre el pensamiento y la acción en la filosofía actual, ella se ha reducido a un puro pensamiento sin un actuar o conducta consecuente, un pensamiento abstracto que no produce ningún cambio benéfico en las personas, ni muestra generalmente ella misma, la filosofía, interés en introducirse en la vida de los seres humanos no eruditos en su materia.
Entonces, yendo al último párrafo, nos planteamos que si la verdad es de todo tiempo y lugar, y tuvo grandes adeptos, ¿acaso esa verdad trascendente que hiende todos los planos y todas las dimensiones, hasta llegar a la nuestra y traspasarla, no estuvo ella misma reflejada en la filosofía clásica, en la de un Pitágoras, de un Empédocles, de un Heráclito, en la filosofía de un Platón? Creemos que sí, que esos filósofos fueron grandes maestros de la humanidad, que no fueron simplemente pensadores modernos, al estilo de Kant, o de Hegel, sino que fueron grandes adeptos de verdades que traspasaban el mundo del idioma y de la palabra.
Comprobamos finalmente que las preguntas radicales todavía siguen existiendo para el hombre, aquellas que dieron inicio a la filosofía: ¿Qué sentido tiene la existencia o la vida?, ¿cuál sería el fin último de todo?, ¿qué sentido tiene el universo?, ¿hay un Principio de todas las cosas?, ¿qué soy?, ¿qué es el pensamiento?, ¿qué es la belleza?, ¿qué es la verdad?, ¿qué es la realidad? Todo esto se sigue planteando por parte del ser humano, y todavía genera en él diversos tipos de respuestas, que la filosofía nunca ha podido agotar.
Preguntas y respuestas.
Abrimos un espacio de diálogo, que puede ser muy fructífero.
-No estoy de acuerdo con el concepto de que la filosofía no tiene salida. Creo que todavía hoy es posible revivir la filosofía clásica.
-Ella tiene etapas, y algunas de estas etapas han quedado relegadas en el tiempo, sin ninguna vida eficaz. Ya no se pueden resucitar la filosofía tal cual fue en el pasado. Sucede que lo único que conocemos hoy nosotros de la filosofía es la parte externa de la filosofía clásica antigua. La parte interna o más secreta del pitagorismo, por ejemplo, no se conoce. Entonces, si quisiéramos resucitar un sistema de pensamiento y de vida, de conducta coherente, y nos falta la parte esencial, el corazón, nos quedamos a mitad de camino, y estamos perdiendo tiempo. A la verdad hay que seguirla en su desarrollo, y hay que conseguirla de las fuentes que son más adecuadas y fáciles de cada época para darnos aquello que queremos, el sentido interior oculto.
Usted plantea algo que es posible, pero muy difícil, porque tendría que revivirse el clima, digamos así, de la filosofía clásica. El clima nunca se revive, y para peor, debemos revivir la parte oculta que se ha perdido de la filosofía de Platón o de Pitágoras, por ejemplo. Los diálogos de Platón, según se dice, son la parte esotérica de su doctrina, de la cual la parte exotérica o externa no se conservó, pero que en cambio se conservó en Aristóteles, aunque la parte esotérica de Aristóteles no se conservó. A pesar de todo, es un problema interpretar esa parte oculta de Platón. Sus diálogos tienen un efecto muy diferente sobre el lector que quiere acceder al conocimiento. ¿Cómo captar lo más profundo de esos diálogos? Por lo general, el método erudito no se vincula precisamente con la doctrina esotérica de Platón, sino con una interpretación moderna, en la que se elimina lo más substancial.
-¿Cómo sería posible contestar a todas aquellas preguntas radicales que usted mencionó?
-La filosofía tradicional, antigua o clásica, de la que estábamos hablando, tenía un maestro y una comunidad. Pitágoras, por ejemplo, era un maestro del que dependía una comunidad que realizaba un modo de vida. El objetivo último de esas filosofías, o de esas comunidades, era el autoconocimiento. Como usted sabe, en el frontispicio del templo de Apolo figuraba el lema: “¿Conócete a ti mismo”, que Sócrates tomó como el objetivo de su vida. Ese lema era también la doctrina activa de la escuela pitagórica, que es la más antigua en occidente entre las escuelas tradicionales del pensamiento metafísico.
Entonces, para llegar a lo que usted propone, es necesario un maestro, integrarse a una comunidad, y tener un método de vida que vaya desarrollando en uno su contenido espiritual. Porque el hombre es como una semilla que tiene un doble nacimiento, hay un nacimiento corporal y un nacimiento espiritual. El nacimiento corporal es equivalente a la aparición de la semilla. Pero ésta por sí misma no cobra sentido, si ella no tiene un segundo nacimiento: Se hunde en la tierra, se nutre y empieza a crecer.
De la misma manera el maestro es como la tierra, o si se quiere, la comunidad es como la tierra, y el maestro es como los nutrientes de la semilla. Así el ser humano puede desarrollarse espiritualmente. Además, el ser humano tiene dos muertes, una muerte física y otra muerte de doble y contradictorios significados, “la muerte del ego”, por la que uno se desarrolla espiritualmente, o “la muerte del espíritu”, por la que queda ya como una piedra, como un ser impotente que no ha llegado al autoconocimiento, al sentido de su propia existencia, como una cosa inerte en este mundo.
Todas aquellas preguntas que nosotros formulamos, individualmente, en forma aislada, no tienen como respuestas más que opiniones. Es posible que usted intente darles respuestas a través de la lectura de libros, y al respecto puedo decirle, con una comparación muy gráfica, que el libro es como una carta de un amigo: Una cosa es hablar con un amigo, recibirlo, verlo, percibirlo, y otra muy distinta es recibir la carta de un amigo. Por más que quiera, una carta es un objeto frío, que no dice todo.
El maestro debe ser una persona viva, aunque es posible utilizar libros, pero es imprescindible el maestro. El es como un artista sin el cual la obra no se realiza. Dice Platón que el conocimiento es la persecución del amor a la belleza. ¡Fíjense qué cosas une entre sí!: El conocimiento verdadero no es más que seguir el camino del amor a la belleza, unificando en esas pocas palabras, en esa frase, todo el sentido de su filosofía para la vida personal del ser humano.
-¿Por qué no se posible contestar a las preguntas radicales a través de los grandes maestros modernos y actuales, del existencialismo, por ejemplo.
-El problema es que la filosofía occidental ha puesto como base de todo conocimiento lo que llamaba Kant “la mera razón”. Esa es la clave, y por eso no se consigue lo que usted dice, contestar a las verdades esenciales.
En definitiva, ¿qué desea el hombre?: La felicidad. Como dijo Aristóteles, la vida del hombre tiene una meta que es la felicidad, y esta se concibe como la completitud de todos los aspectos del ser humano, el desarrollo total de su persona. Uno de los aspectos de su persona es el raciocinio, “la mera razón”, y ese aspecto ha crecido desmesuradamente en la filosofía occidental moderna. De tal manera que el racionalismo cubre todo, y lo que no provenga de la razón humana no es verdadero ni real. El hombre de hoy no puede admitir algo por encima de sí mismo, y en eso falla, porque, como también descubrió el racionalismo, cuando él mismo se estudia a sí mismo encuentra muchas limitaciones.
-¿No es posible hoy superar el racionalismo, y volver a practicar una vida filosófica como la de los clásicos?
-Para volver en cierto modo a la forma de la filosofía clásica o antigua tiene que reconocer que ha pasado mucho tiempo, y se han manifestado un cúmulo de verdades y formas diferentes que debemos admitir. No es lo mismo ya practicar lo que hacían Pitágoras y Platón; el mundo de Pitágoras y el de Platón eran mucho menos complejos. Creo que éste es un problema.
He estudiado la filosofía durante años, y si uno la ha estudiado es porque de alguna manera la quiere. Me ha dado algunas cosas muy importantes. Pero de todas maneras, no encuentro a nadie que salga de la facultad de filosofía que le encuentre el gollete, después de haber hecho tanto sacrificio, y esto es algo que usted puede comprobar en cualquier licenciado de filosofía. Después de una larga carrera se mete de profesor, o si puede de auxiliar de cátedra, o cosa así, y aún de profesor en la secundaria. Y todo aquello que era la vocación de su vida, un sacerdocio de la verdad, ¿dónde queda?
Esto también puede pasar con la gente que se mete de sacerdote en la iglesia, porque muchas veces la organización aplasta todos sus ideales, y está pasando con todo tipo de cosas que se organizan. La facultad de filosofía, por ejemplo, es un organismo, con sus intereses, con sus profesores que medran por el puesto, con sus rencillas, con sus odios. Uno va allí y no saca ejemplos muy constructivos, salvo alguna persona aislada que realmente hace un sacerdocio del asunto. Uno queda igual que antes, con mucha más información, pero no con la sabiduría de que hablaba la filosofía clásica. ¿Dónde está lo que dijo Platón respecto de lo que logra un licenciado de filosofía? Esta es una cuestión existencial.
-¿No es posible que la filosofía libere a uno de los atavismos y prejuicios, y por ello sea provechosa?
-Es posible, según qué signifique para usted el atavismo y las ligaduras, y según cómo esté atado. Porque también es posible que por otros medios el hombre se libere de todo eso. Es decir, quizás sea cuestión de carácter y de temperamento. Como ya dije, hay un grupo de personas que pueden todavía aprovechar la filosofía en su sentido clásico, pero de todas maneras son casos excepcionales. Pero no quiero entrar a hablar sobre ninguna filosofía en particular, pues sería demasiado largo y complejo, y no es el objetivo de esta charla. Estamos tratando de coincidir en las cosas más generales, inclusive sin pretender profundizar mucho. Si a una persona le viene bien la filosofía existencial, y cree que da respuesta al sentido de su ser, y que con ella llega a lo que quiere, es posible que tal sea en necesidad, y ella se la satisfaga. Es una cuestión muy particular, pero estamos hablando desde otro punto de vista.
-¿Cómo podría alguien llegar a la felicidad con la filosofía existencial, si ésta toma a la angustia como eje?
-Ese es un aspecto negativo de la filosofía existencial, no el todo. La angustia puede constituir una etapa del desarrollo del ser, pero no algo crónico, ni el punto de interpretación de mi ser puede consistir en la angustia, la finitud, a la carencia.
-¿Cómo se reconoce al maestro?
-Su corazón es el mejor criterio, él le va a decir la verdad en ciertos asuntos. Si usted me pregunta que criterio o método tengo que usar para saber si la plancha está caliente... todo el mundo sabe cómo tiene que hacer, hay uno o dos métodos. Acá se trata del corazón humano, una buena intención, una firme decisión de encontrar la verdad, tener la firmeza de dejar todo por ella. Así que es una decisión muy profunda la del ser humano, no puede estar probando de a ratos con eso, porque no es cosa de momento justamente, como ir al cine y ver si la película es buena. Se trata de otra cosa. Debe tener una decisión muy profunda y saber que lo que usted se juega es la vida o la muerte.
-Hoy la psicología, la sociología, el cine, el teatro, etc., dan otras respuestas más eficaces que la filosofía clásica ¿para qué necesitamos todavía a la filosofía?
-Bueno. Lo que nosotros habíamos planteado, fundamentalmente, es la crisis del pensamiento actual, y segundo, que existe una atomización de los conocimientos, por diversas vías. Se puede dividir entre un sector que conoce la estructura material del mundo, y otro sector que conoce al hombre. Como hoy no existe ninguna pretensión muy firme de ninguna ciencia por conocer a Dios, el tema de Dios se ha borrado. Si estamos en la crisis del pensamiento actual, de una concepción digna de la existencia, esa crisis está generada por el mismo estilo del pensamiento que existe, y que seguramente en otras etapas de la civilización humana no se presentó, cuando quizás el conocimiento era más coherente. Quiero decir que si bien las ciencias actuales tienen muchos puntos a su favor, de alguna manera producen una crisis, de alguna manera son ellas mismas la causa del estado actual del mundo, con sus graves peligros, con sus desequilibrios personales, con la falta de amor, con un estilo de vida atómico y destructivo.
El punto de análisis que usted toma es exclusivamente una interpretación posible, y quizás no la más profunda. Su punto de vista es, quizás, el que más le inquieta a usted, el que tiene más afinidad con sus pensamientos, o su experiencia en la vida. Pero existe un nivel de análisis al cual nosotros llamamos “el conocimiento de la realidad”, aunque “realidad” se llame hoy por hoy a muchas cosas. En lo que la gente más se diferencia es en considerar qué es la “realidad”, se diferencia tanto como en sus huellas dactilares.
Sin embargo, debe existir al respecto una base, un fundamento común a todas las experiencias. Lo maravilloso sería llegar por algún camino a ese fundamento universal de todas las experiencias, el fundamento común, también, de todas las cosas, de todos los conocimientos, y que nosotros describimos como “el camino del autoconocimiento”.
En parte esto tiene que ver con conocer ciertos estados psíquicos, aunque haya en la situación actual estados verdaderamente patológicos, que deberían ser superados, más bien que profundizados. Una corriente de la psicología moderna tiende a describir al hombre sobre la base de ciertos estados patológicos, y termina siempre por describir a un enfermo. Aunque hubiese un 99 por ciento de enfermos, no es válico, desde el punto de vista racional y objetivo, describir al hombre como un ser enfermo.
Cada época tiene su código, y existen códigos diferentes, pero todos no pueden ser “el código de la realidad”. Como sabemos por diferentes ciencias actuales, como la computación, siempre hay un código más coherente y correcto para realizar determinadas funciones. Así también, la realidad tiene su propio código.
Aunque la realidad no es una cosa inamovible. En la época de Platón era una “la realidad”, y en la época de Napoleón era otra, y hoy es otra diferente. La realidad es multifacética, va cambiando con las épocas, se van manifestando diferentes facetas suyas, pero ella en sí misma no cambia. En consecuencia, los códigos de la misma realidad no coinciden en todas las épocas, y por otra parte, hay multitud de códigos falsos e incorrectos. La cuestión es bastante difícil, el lenguaje de la realidad es la filosofía verdadera.
-¿La realidad cambia porque cambia el hombre?
-El hombre no es la realidad, él puede estar muy alejado de la realidad, no ser ni el reflejo de ella. El hombre tiene acceso a la realidad, pero no es él “la realidad”. Ella está más allá de cualquier cosa particular, y es como un telón de fondo donde suceden todas las cosas. La realidad es la que modifica la época, no es el hombre el que lo hace. La realidad no es el efecto del hombre, ese es el problema. Sería muy fácil si cada uno fuera “la realidad”, entonces la expresión de cada uno sería “la realidad”, y no se presentaría problema alguno.
La realidad debe ser algo superior, algo en sí mismo benéfico, rico, algo que nosotros podríamos considerar la Verdad. Ahora bien, si alguien dice que “la era atómica” es parte de la realidad, y esta presenta mucha negatividad, ni es benéfica ni rica, cae en contradicción. “La era atómica” justamente se basa en un hecho nefasto para el ser humano, que es la aparición de la fuerza atómica aplicada a la violencia, además de la “atomización” de la familia, de la sociedad y del pensamiento.
-¿Es totalmente desechable la razón?
-Yo diría que la razón es una cosa, y que el racionalismo es otra muy diferente, como comer es una cosa y la gula es otra. La razón es un instrumento maravilloso dentro de sus límites. Ahora bien, si usted con la razón quiere hacer algo que está más allá de sus límites cae entonces en el puro racionalismo, en abstracciones y en concepciones incoherentes con la experiencia que usted tiene en su vida. Tal es el tema de la filosofía moderna, el racionalismo...
De aquellas cosas que podemos experimentar los seres humanos, ninguna es totalmente negativa ni totalmente positiva. Pero hay que discernir entre ellas. Si alguien me pregunta si es positivo el genocidio, le contesto sin dudar que no, el genocidio es completamente negativo. Si me pregunta ¿la guerra es positiva?, le respondo, ¿qué guerra?, si es la guerra defensiva en la que nosotros debemos rechazar a un agresor, me parece que nadie puede decir que es injusta. Esto significa que nuestro juicio depende de algo más que de dos simples opuestos.
-¿Todo cambio no es entonces positivo?
-Pasa que un simple cambio tiene mucho que ver con fenómenos y con apariencias. Hay cambios positivos, que usted debe descubrir debajo de los cambios aparentes. Los filósofos antiguos nos han enseñado que hay una apariencia y una realidad de las cosas. Debemos atravesar la apariencia para llegar a la realidad. Para ello debemos tener un lenguaje que descubra la realidad.
Por ejemplo, alguien hace una película, debe tener antes una idea determinada de la película: pondrá tales actores, será tal el argumento, la trama, habrá un desarrollo, un final, etc. El nos va a mostrar luego una apariencia, pero en realidad él no quiere mostrar una apariencia, sino representar una realidad. Sin embargo, ¿quién tiene que hacer el esfuerzo para captar esa realidad, él o el espectador? El ya hizo el esfuerzo, ya nos presentó el producto, es el espectador el que tiene que realizar un esfuerzo para descubrir el lenguaje que el autor utilizó, para llegar a lo que este quiso transmitir. Pongamos por caso de que hay un principio universal de todas las cosas, y en cada época manifiesta una luz diferente. Esa luz debe ser captada a través de apariencias, como en el cine, como si fueran un telón donde se proyecta esa luz. Pero para captar el origen de esa luz debo tener un lenguaje, un sistema de interpretación, como lo tengo para captar en una película qué quiso decir el autor.
Lo que estoy exponiendo es un problema de interpretación. Entonces, no toda la ciencia, ni todo lo que dice la ciencia, es útil para interpretar la realidad, sin que por ello las ciencias sean desechables o incorrectas. Todo intento racional, siempre que se mantenga en sus límites y no degenere en la violencia, en el egoísmo, en la explotación, en el genocidio, etc., es bueno. Me parece que hasta para hacer un barco existen dos posibilidades, una buena y una mala. Cuando al barco le ponen misiles atómicos, y lo echan a rodar por los mares del mundo, yo no digo que sea bueno...

Conclusión.
La conclusión de esto, es que a la realidad que debemos buscar la debemos encontrar por un camino interior, del autoconocimiento, o en otros términos podríamos decir del corazón humano, de la esencia del hombre, o de la búsqueda del amor y de la paz, de la búsqueda del equilibrio emocional. Si cada uno de nosotros se hace fuerte en ese aspecto, si cada uno se conoce a sí mismo, y llega a ese equilibrio emocional y al conocimiento de su interioridad, el mundo se transformaría, porque cada uno de nosotros es el que constituye eso que llamamos “mundo”. El mundo por sí mismo no es mundo, somos nosotros, y la responsabilidad recae sobre cada uno, no sobre un ente abstracto, llámese como sea.

1.Conferencia del 18.8.88, ofrecida por el prof. Ricardo C. Hesain.
2.Consultar al respecto a Giovanni Pappini.

LA PALABRA Y EL SER (ORIGEN)

La palabra debería ser percibida en el origen y no en su actualidad fáctica.
La palabra es enfrentada como el vehículo de la distorsión por Nietzche, la imposición de la verdad que forjaron otros siglos, que no es verdad sino cobardía ante la vida. Vaciada de contenido verdadero, la verdad ya no cumple su función, pero no se pregunta “¿cuál es el origen de la palabra?”
La palabra es epifanía, manifestación. Es siempre verbo que presencia el devenir de todo. Es símbolo, símbolo de sí mismo, y símbolo de cuanto existe.
Indico con la frase “petición de principio real” lo que la palabra, como cuanto es, tienen por distinción principal: Ser el principio que apela a su inexistencia como tal, lo que es ante la nada. El abismo que separa a lo presente de lo inexistente, la aparición en el espacio vacío-vacío sorpresivamente de “algo”, el sonido en medio de un prolongado y profundo silencio, esto es el ser y la palabra. Y es petición porque no es posible afirmar al ser y a la palabra por ser ilimitables; no es posible afirmarlos porque en nada se sustentan. Lo extraño en sí es el ser y el verbo.
Ahora bien, la contradicción es confrontar lo que es con el origen. Toda contradicción es arbitraria por cuanto se sustenta en la afirmación sin más, absoluta, de que lo que es, es como tal.
La contradicción parte, supone, la confirmación de lo inconcebible, del ser, de la palabra. Y supuesto ello es la confirmación de un segundo grado: El que va del ser a la contradicción, que sólo se produce en el ser y la palabra. Pero la contradicción entraña siempre la afirmación de la nada, en cuanto toda confirmación del ser es una afirmación de la nada, respecto del ser.
La contradicción resulta lo contrario a como aparece: Es el acto superior de confirmar el ser, pero no por el ser mismo.
El ser y la palabra sólo se revelan a sí mismos y toda contradicción anula esta revelación. El ser y la palabra se disecan en las manos del análisis, se marchitan si no atendemos al origen.
Símbolo: Limita a lo impronunciable, lo determina. Símbolo es todo aquello que contiene más que cuanto aparenta.
La palabra es el ser simbolizado. Porque cada epifanía del ser en el símbolo, guarda al ser todo correspondencia. Cada momento del ser es el ser mismo enteramente. Cada momento es absoluto.
El símbolo tiene dos puertas hacia el ser: La del sentido y la del significado. El sentido arraiga en el origen, en lo fáctico el significado, pero no en lo fáctico en cuanto tal. En el ser lo fáctico se trastoca en absoluto, y el significado en permanencia. Todo significado dirige, por fin, al origen, porque todo significado es susceptible de ser sentido.

LA PALABRA
Existe un problema predominante, en la filosofía moderna, el del desdoblamiento de la palabra. La palabra sería ella misma una interpretación y su uso en cualquier contexto, en la medida en que sea entendida de un modo determinado, una segunda interpretación totalmente desdoblada.
Sin embargo no basta esta demostración analítica; en realidad creo que no se ahonda así en las razones primigenias que dan por resultado la distorsión del símbolo, y se procede por el contrario por vía negativa o destructiva.
Ahora bien: Un análisis consciente se detiene en un punto tal que seguir adelante sería simplemente no analizar sino destruir, aunque la violencia esta encarnada en nuestra sociedad occidental como el alma de un cuerpo.
Todo análisis consciente comienza por una correcta metodología inquisitiva; para mí esta sería conveniente: ¿El símbolo, la palabra, de qué participa?; ¿si fuera de la cultura, su origen y su esencia cuál sería?, ¿que origen y naturaleza tiene la distorsión? ¿la restauración cual?
LA PALABRA Y EL SER
I. El hablar acerca del Ser significa pensarlo. ¿Existe Ser fuera del pensamiento acerca de él?
La filosofía ha fincado todas sus esperanzas más tempranas en esta manifestación del Ser y de las distinciones respecto de él, ¿qué manifestación fuera del pensamiento especulativo-filosófico hay del Ser? ¿El origen de la especulación filosófica misma? O de otro modo: ¿existe un interrogante previo al pensar el Ser –filosóficamente- de tal modo que éste se manifieste inquisitoriamente fundado en su trascendencia y no en su inmanencia respecto del pensamiento? De todos modos: ¿Puede haber pensamiento del Ser por el ser mismo, -ya que todo quien piense el Ser lo hace desde el ser mismo, pues no puede salir de él para conocerlo-?

II. La condición del pensar es que haya algo acerca de lo cual se piense, a esto se ha llamado el tener un objeto.
No es sin embargo el objeto del pensar lo importante, sino el pensamiento mismo.
Pensamiento equivale a palabra, y no puede haber, ni pudo haber nunca, pensamiento sin palabra.
Palabra es el término que designa al vínculo que existe entre las cosas que existen.
No hay existencial inexpreso, y toda expresión es la forma de la palabra.
La expresión anda por debajo de la palabra como manifestación de ella. Pero es no sólo la expresión quien manifiesta la palabra, sino que la expresión es manifiesta sólo por la palabra. La expresión, más original que la palabra, no sólo la funda temporalmente, sino que tiene interés sólo a partir del verbo. Toda otra expresión está inconclusa.
La palabra designa el vínculo que existe entre las cosas que existen, por eso es significativa. La significación sólo es el hecho de que el verbo carga con lo existente como tal, con su diversidad, su modalidad. La palabra epifaniza al ser, pero no es responsable de él. La palabra misma es una modalidad del ser y no el ser mismo. Ello quiere decir que no sólo es como la vista sino como el órgano. Por eso la palabra se epifaniza a sí misma como segregada del ser. Entonces se separa del fundamento del ser.
La palabra quiere volver a ser este fundamento, pero se pierde en su propia segregación y no comprende al ser. Aparece ya, la ciencia, la filosofía, son intentos de llegar al ser, de volver a su origen, pero fallidos en la segregación. Esta segregación crea un espectro del ser; y lo transforma en aquello que el ser no es. Está obligada a hacerlo así porque ya no siente al ser y lo imagina. Por último, este ser de la ciencia y de la filosofía no existe.

VERDAD
Una proposición representa un posible de cualquier cuestión a que se refiera. La multiplicidad de los posibles es, sin duda, la posibilidad misma de opinar. El planteo de una cuestión cualquiera, es siempre el planteo de múltiples posibilidades que se le refieren, de múltiples proposiciones que equivalen a la cuestión misma.
Un planteo sobre la verdad de cada cuestión, no queda anulado por la multiplicidad de las respuestas, aún cuando aquella multiplicidad sea congénita al planteo mismo. La verdad no significa sino la unidad de la cuestión respecto de sí misma. El método de abordaje a ésta unicidad se intenta a través de un repetir la cuestión de diferentes maneras, que aunque en el mejor caso sean tautológica y formalmente verdaderas, no apartan la cuestión dada para expresar su unidad esencial, sino que la incluyen en cada responder. Se hace obligatorio, entonces, conocer el código que responde estrictamente a la cuestión, apartar la multiplicidad, y responder verdaderamente.
Surge la gravedad de la palabra, -ya que toda cuestión es palabra- y la futilidad de un responder por la palabra misma. La palabra no resulta fútil sólo cuando se la expresa en su código. La dispersión resulta la modalidad de toda vanidad. La verdad no trasciende la palabra; está ínsita en ella. La verdad no es una palabra más, es el resultado del uso debido a la palabra.
El código del verbo es el método de la verdad. Esta última resulta ser el sentido del hablar. El código tiene por principio la gravedad de la palabra; la significación de ella se refiere entonces a una totalidad, entonces surge el doble sentido de la palabra, uno el de la verdad del hablar, el otro el de la gravedad de la palabra, su significación. El responder debe hacerse cargo de ambos y es el único método para apartar la unicidad de la cuestión de toda dispersión.
La verdad no es un mero relativo, ni es parte, ni se refleja parcialmente. Si la verdad es el sentido primigenio del hablar, debe atender aún con más rigor al sentido de la palabra. Es éste el que determina, por fin, a la verdad misma, ya que todo sentido de la palabra se dirige a una totalidad, a un saber.
El saber resulta de la totalidad significativa del verbo, no solo de la memoria del verbo. La memoria conserva al saber por tradición, y es aún precaria, menesterosa de cuidado.
La totalidad significativa del verbo o palabra es saber o sabiduría. No se substrae sin embargo a sentido, ya que no es él el sentido, más bien, está implícito en todo sentido.
Ya la sabiduría es verdad hablante; ya la sabiduría es más que palabra; ya toda cuestión puede ser apartada, sin más, de toda dispersión.
Autor: Prof. Ricardo C. Hesain